Deseret Haretatik

 

Deseret Haretatik

 

Descrito como el método de la «escritura desde la belleza de la simplicidad … con el que poner fin a la ambigüedad significativa de las palabras», el alfabeto mormón Deseret fue inspirado, como la mayor parte de los experimentos lingüísticos de mediados del siglo XIX y comienzos del XX, por el estudio fonográfico de Isaac Pitman, cuyo sistema estaba apoyado en la geometría. Así, los caracteres se formaban mediante círculos, semicírculos, cuadrados y líneas rectas colocadas estrictamente en horizontal, vertical o diagonal: geometría presentada como escritura y por tanto, nos dirá Lacan, como asesinato de la experiencia.

Lacan reparó en ello tras visitar el Museo de Saint-Germain-en-Laye, donde comprobó que en una costilla de un mamífero prehistórico alguien, sin duda un cazador, había realizado una serie de marcas en forma de barra. La separación de esas barras, de esos «trazos unarios», debió permitir a quien los realizó no confundir en la memoria al primer animal cazado —señalado mediante la primera barra—, con el segundo, a este con el tercero, y así sucesivamente. En estas barras, sin embargo, no había representación de los animales cazados. Eran pura diferencia. Resultaba inútil dar con el parecido de cada barra, de cada trazo, en tanto que no ocupaba el mismo lugar que el otro. Cada barra significaba una vez y, proyectándose asimismo sobre un vacío representacional, garantizaba la autonomía de lo que Lacan llamaba el orden de lo simbólico.

El arte, en su consciente uso de la cultura y su contexto, está al margen tanto del culto al lenguaje como de la inmediatez demasiado exacta de la realidad. Se instala entonces, en este proyecto, el compromiso de partir desde la base material del lenguaje como una forma de reclamar la ambigüedad de los significados. Decido, a cambio, inmiscuirme en una arqueología de los signos que me deriva hasta ciertos experimentos lingüísticos discretos, no fraguados en el relato historicista, cuyo origen podríamos situar en el byblos. Escritura a día de hoy apenas descifrada y, no obstante, seno de la palabra griega biblion, que significa libro, y de ahí escritura, biblia.

En este recorrido, y por varias coincidencias de signo, me sitúo sin pretenderlo ante el Ha-Ha Wall o salto de lobo, un elemento de contención en el paisaje que reduce al mínimo la obstrucción visual reemplazando las cercas visibles por un cierre enmascarado como zanja y con una superficie interna vertical. Matriz que formaría, poco después, un espacio forzado entre lo natural y el recato artificioso con el propósito de atenuar la colisión de severas medidas de seguridad. Su muestra más feroz se dio en los manicomios de influencia británica —noción utilizada hasta que se promulgó el cierre general de estos centros, hace treinta años en nuestro contexto—, impidiendo la huida de los pacientes mientras se ofrecía una visión democrática de los centros anulando la sensación de cautiverio.

Descubro que la noción de manicomio viene de manía y del griego κομεῖν komeîn, cuidar. Cuidar la manía. También interpretable como vigilar la rareza o la excentricidad interpretativa de la realidad.

 

FORGOTTEN FIELDS
forma y territorio

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La base militar de Wendover pertenece a lo que a día de hoy se conoce como forgotten fields, campos aéreos olvidados que fueron creados desde 1939 hasta finales de 1943 con intención de «cambiar el destino de la humanidad». Actualmente están en su mayoría abandonados o desaparecidos.

Wendover, a su vez, acogió al grupo Composite 509 del ejército de los Estados Unidos, encargado del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki.

El trastorno límite de la personalidad o borderline, también llamado limítrofe o fronterizo, implica, entre otras situaciones, una inestabilidad generalizada del sentido de identidad que puede llevar a periodos de disociación y de excitación derivada de una exaltación de la consciencia de sí mismo. O, en el peor de los casos, al colapso del Yo en el paisaje.

La particularidad del contexto de Wendover es que se trata de una zona fronteriza cuya experiencia está descompuesta y vencida por la realidad. Ni siquiera resulta un espacio natural, sino un espacio. Si interpreto las palabras de Lacan, sus alteraciones funcionales o estructurales responden a una fijación que se somete a un significante único, en una dominación total y consentida por el discurso del amo. Y puesto que esta fijación anula la naturaleza múltiple o heterogénea propia de la identidad humana, Wendover me revela su temor a la alteridad.

 

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